"El objetivo de las artes plásticas, la poesía y la música no ha consistido nunca en representar cosas. Siempre ha consistido en hacer algo bello, conmovedor o dramático...lo cual en modo alguno es lo mismo". Estas palabras de Mark Rothko fueron, sin duda alguna, reveladoras para Zóbel. Si algo tienen en común las obras de estos artistas, además de ser contemporáneas, es que ambas parten de ese punto fundamental, de ese concepto básico. Conmovedor, bello y dramático son una misma cosa por que las tres son verdades invariables a lo largo del tiempo, realidades vivas, escenas cotidianas que todos experimentamos a diario. La obra de Rothko es tan lírica como la de Zóbel pero se basa más en el drama contemporáneo, en la lucha de contrarios (horizontal-vertical, frio-caliente...) para evocar así los conflictos reales del hombre y la metrópoli, del hombre y la familia, del hombre y su razón de ser. Mientras, Zóbel nos enseña la cara más alegre de la verdad, también a veces melancólica, siempre poética. Los cuadros de ambos envuelven al absorto espectador evocándole lo hermoso, lo triste, lo amargo, lo bello y lo complejo de la vida diaria. Dice Rothko que los cuadros cobran vida al ser contemplados por un espectador sensible, que en su conciencia se desarrollan y crecen, entablándose así, un intenso diálogo entre el espectador y la obra. Aquí dejo un buen liezo para dialogar y preguntarse por todas esas verdades de las que estamos rodeados.